Al rosarino lo conocí hace 6 años, en el primer Cosquín Rock. Éramos vecinos de carpas. Pintó la buena onda y decidimos vacacionar juntos aunque sea dos días cada verano, como simples conocidos, porque eso es lo que somos (nunca nos acercamos mucho, más que para darnos el abrazo de reencuentro y de despedida en varias terminales).
Hace dos veranos la cita fue en el Oye Reggae en Capilla del Monte. Una tarde nublada nos sentamos a tomar una cerveza en el cordón de una vereda, justo en la esquina de Corrientes y otra calle que empezaba con "Fi". Empezamos a joder con que los nombres reales de esas calles eran Connecticut y Philadelphia, de boludos que somos, nomás.
Este enero me llamó y me dijo: "Este verano volvemos tres días a Capilla del Monte, te parece?" Y de tarados, arreglamos para juntarnos ese 17 de febrero a las 12hs en la esquina de Connecticut y Philadelphia.
Estuve ansiosa todos los días que siguieron a esa llamada, porque, si bien este pibe es un perfecto extraño con el que por algún raro motivo no puedo hablar mucho ni me nace acercarme físicamente, todas las caminatas silenciosas a su lado en los últimos veranos, fueron inolvidables.
El 17 de febrero llegué a Capilla poco antes del mediodía. Con la mochilota al hombro pregunté por la calle Corrientes. Cuando llegué me di cuenta que no recordaba el verdadero nombre de la calle Philadelphia. Caminé por Corrientes, para arriba y para abajo, creo que la recorrí toda. Nunca encontré Philadelphia. Él no tiene celular, y yo no tenía señal en el mío. Cerca de las 15hs entré a Internet. No messages.
Me fui a un camping, armé la carpa y deambulé por Capilla del Monte durante los dos días que siguieron, esperando al menos, ya que estaba ahí, ver un ovni, pero ni siquiera eso.
El tercer día, tempranito a la mañana, caminé cuesta arriba al cerro Las Gemelas. Ahí estaba, sentado sobre una piedra tomando mate. Me senté a su lado. No hicieron falta explicaciones. Me convidó un amargo, y charlamos sobre lo que habíamos hecho en nuestras mini vacaciones de dos días, solos en Capilla del Monte. Pasó la mañana, y la tarde nos encontró tomando una cerveza en la esquina de Connecticut y Nueva Orleans.
Por Dios que el verano que viene no se nos ocurra juntarnos en la intersección de esas dos ciudades.